viernes, 30 de abril de 2010

NUESTRAS RAÍCES HISTÓRICAS

EL NAZARENO DE ACHAGUAS


Argenis Méndez Echenique



En toda sociedad el tema religioso está siempre en el tapete; y, más aún, en el caso nuestro, el del Nazareno de Achaguas; por lo que a mediados de la octava década del siglo pasado publicamos un artículo tratando de aclarar algunos aspectos relacionados con su procedencia y autor: el tallista caraqueño José de la Merced Rada. Ahora, volvemos sobre lo mismo.

Así, cuando hablamos del Nazareno de Achaguas, debemos tener clara conciencia de que es una expresión de la religiosidad del pueblo llanero, no sólo apureño; pues, sus devotos seguidores se localizan en diferentes partes del llano colombo – venezolano y, también, en otros lugares de Venezuela y países circunvecinos.

¿Qué entendemos por Religión?. Los estudiosos de la religiosidad (teólogos) consideran que ésta ha estado y está presente en todos los pueblos del mundo, desde sus mismos orígenes, como un mecanismo de defensa utilizado por el ser humano ante situaciones incomprensibles para él, que le generan temor o desconcierto.

Para la antropóloga Jacqueline Clarac de Briceño (2003: 29), la religión está referida a toda actividad que implique la creencia en seres sobrenaturales, capaces de favorecer o desfavorecer al hombre; y que se expresa por medio de ceremonias y rituales en honor a la divinidad o deidades, estableciéndose una íntima comunicación, a través de ofrendas, sacrificios, bailes, cantos, música, rezos y oraciones; y, también, la utilización de “contras”, que pueden ser objetos o palabras de protección (lenguaje sagrado).

En el caso que analizamos, es obligada la referencia al Cristianismo, cuya máxima expresión es la figura de Jesús de Nazaret, crucificado por los fariseos judíos al no aceptarlo como “el Mesías” (enviado especialmente por el Padre Supremo para redimir de sus pecados a la Humanidad), hace dos mil años. Con el trascurrir del tiempo, el Cristianismo se fue extendiendo por Asia Menor y el Mediterráneo, hasta que, con altos y bajos, se convirtió, primero, en la religión oficial del Imperio Romano, quien lo impuso a todos los pueblos sometidos a él; luego vino ese largo período conocido como Medioevo, donde los pueblos bárbaros derrumbaron todo el poderío político imperial, pero caen bajo el dominio del cristianismo, incrustado en las altas cúpulas del poder. En esa época se producen las Cruzadas, con expediciones militares al Medio Oriente (Bizancio y Palestina) para preservar los lugares sagrados bajo control de la Iglesia Católica o de reinos cristianos.

Al conformarse los Estados Modernos Europeos, con España a la cabeza, logró el Papado la mayor preponderancia y expansión de su poderío terrenal: es el momento en que la religión católica adquiere carácter universal. El Papa Alejandro VI reparte “las tierras por descubrir” entre los reinos católicos de España y Portugal (Tratados de Tordesillas, 1512). Hablar de los emperadores Carlos V ó Felipe II es hablar de cristiandad; y hablar del imperio Español, bajo control de la Casa de Austria, es hablar de “dominios donde no se pone el Sol”, como llegó decir el nieto de los Reyes Católicos.

La invasión europea a nuestro continente se inició finalizando el siglo XV (Cristóbal Colón, 1492) y entre las cosas que trajo estuvo la religión, impuesta a sangre y fuego, con la espada y la cruz. El famoso “Requerimiento” fue la muestra más fehaciente de ello:

“Si no lo hiciéreis (es decir, obedecer al Papa y a su Majestad y entrar en el vasallaje del Rey de Castilla), o en ello dilación maliciosamente pusiéreis, certificaos que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra todos vosotros y os haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiese” (ANDRADE, 2005: 59).

Compartimos plenamente el criterio de este sacerdote (Andrade), quien razonablemente expone: “Es psicológicamente imposible que un individuo, obligado por la fuerza, cambie repentinamente de cultura y por ende de religión” (Ob. Cit.: 44). Eso fue lo que pasó en la mayor parte de América: una falsa postura religiosa ante los entes poderosos, que a la larga llevó a un sincretismo, donde se mezclaron rasgos cristianos con creencias indígenas y africanas. El psicoanalista alemán Carlos Jung lo expresó de manera muy precisa: “El americano nos presenta la extraña figura de un europeo, con las maneras de un negro, el alma de un indio” ( Andrade, ob. cit.: 49). Como es de observar, la cristianización “solo tuvo lugar en el mestizaje, en la fusión de los elementos étnicos, ese otro fenómeno que surge a raíz de la conquista

Es de reconocer que las misiones evangelizadoras realizadas en los Llanos colombo – venezolanos por los jesuitas, primero, y luego por los dominicos y capuchinos andaluces, tuvieron una notable diferencia con las colonizaciones realizadas por los europeos seglares, por cuanto el trato dado a los indígenas era más humano que en los repartimientos y encomiendas. Sin embargo, las famosas “entradas” tenían el propósito de capturar indígenas para reducirlos a los pueblos y catequizarlos, poniéndolos bajo la autoridad real y pontificia. Además, eran “peones” gratuitos (forma esclavista disimulada) en los hatos ganaderos fundados por los misioneros.

En el caso particular de Apure, la colonización misionera comenzó de manera sostenida después de la expulsión de los jesuitas de todo el imperio español (1767); las comunidades indígenas, en su mayoría, fueron organizadas según los patrones europeos por los frailes capuchinos franciscanos, tales como: San José de Leonisa de Cunaviche, la Purísima Concepción de Payara, San Rafael de Atamaica, San Francisco de Sigmaringa, San José de Capanaparo, entre otras. Cuando se produce el movimiento emancipador caraqueño del 19 de Abril, Apure apenas estaba arribando a los cuarenta años de vida colonial. Es de suponer que en él pervivían muchas de las creencias ancestrales indígenas. La transculturación europeizante no había concluido y quedaron muchos rezagos que caracterizan al apureño de hoy.

Esta situación se agrava porque durante el proceso de Independencia Nacional los pocos sacerdotes que habitaban la región emigran a otros lares, debido a su ideología realista. Apure queda sin “Padres”, como le dicen popularmente a los sacerdotes católicos, durante el resto del siglo XIX y parte del XX, con escasas excepciones: José Joaquín Altuna, Esteban de Adoain, Domingo Vicente Oropeza, Rafael Antonio Vargas, Serafín Cedeño Castillo, Guillermo García, entre otros, que constituyen un reducido número de pastores de almas. ”Desde que faltaron los misioneros, se fueron para los retiros llevando cada padre de familia sus hijos e hijas por no estar seguros en la población por la mucha corrupción que dejó la guerra; después ha seguido y sigue la misma libertad”. Apure, en ese tiempo, estaba repartido entre la Arquidiócesis de Caracas y el Obispado de Mérida, siendo mal atendido por el escaso número del clero nacional.

Esas carencias sacerdotales fueron las que llevaron a la creación de la Diócesis de Calabozo (1847), que también tendría jurisdicción en Apure, cuyo primer Obispo, Monseñor Salustiano Crespo Catarí, consagrado en 1881, después de combatir una férrea campaña en contra suya que lo acusaba de pertenecer a la masonería (“El epíteto de masón o fracmasón ha sido el empleado con más éxito en la Corte Romana”); apenas duró siete años en su apostolado llanero, pues falleció en Caracas, el 12 de Julio de 1888. Luego vendrían otros santos varones a ocupar el sillón diocesano: Monseñor Felipe Nery Sendrea, llamado “El Obispo Josefino”, por su devoción a San José Obrero, Arturo Celestino Alvarez…, hasta la segunda década del siglo XX. Esta dependencia duró hasta el día 7 de Junio de 1954, cuando por Bula Papal se creó la “Prelatura Nullius” de San Fernando, que evolucionó hasta convertirse en la actual Diócesis apureña.

Bien, en muchos aspectos estamos hablando del fenómeno social conocido como Religiosidad Popular. Entendiendo ésta como un conjunto de creencias, valores, símbolos, sentimientos, motivaciones y ritos de origen tanto católico como mágico y secular, que, según autores como el chileno Cruz (1970), se han institucionalizado, mediante los cuales los fieles expresan su reacción creando una atmósfera sagrada compuesta de entidades y objetos tanto del mundo sobrenatural, como del natural. En Venezuela, especialistas como Angelina Pollak-Eltz (1994), señalan que ”independientemente de que nuestro país sea considerado católico, existe una religiosidad de arraigo popular cuya particularidad dista de la ortodoxia de institucionalidad”; reafirmada esta opinión por otra reconocida analista: “Al hablar de religiosidad popular necesariamente debemos referirnos a las interrelaciones entre pensamiento mágico y religión, conceptos que no deben confundirse (…) La mayor parte de las religiones reconocidas como modernas agregan dentro de muchos de sus rituales, y hasta en su ética, algunos aspectos que en realidad pueden asociarse a la magia” (Márquez, 1999: 21).

¿Por qué hacemos mención a este tema?. Sencillamente porque así se observa en nuestro medio en las actividades realizadas durante la “Semana Santa”, que está dedicada a rendirle culto a Jesús Nazareno, con misas y procesiones. Pero también están presentes símbolos mágicos como la recolección de “Palmas Benditas”, que sirven para proteger el hogar contra todo mal; “pencas de zábila” (aloe vera) utilizadas como “filtros” ó “contras” que recogen los posibles maleficios lanzados contra nuestras residencias; la “mata de brusca” (cassia occidentalis), debidamente consagrada en la Iglesia, sirve para contrarrestar los hechizos; el “Agua Bendita”, tomada en la iglesia, sirve para diferentes usos mágicos: limpiar las casas, curar el “Mal de Ojos”; las plantas medicinales recogidas en tiempo de Semana Santa tienen poderes especiales.

Además se pueden agregar algunas costumbres domésticas (aunque poco a poco han ido cayendo en desuso): prohibido bañarse en los ríos los días Jueves y Viernes Santo porque la persona puede convertirse en pez, ahogarse o ser devorada por un monstruo acuático; no se deben ordeñar las vacas esos días porque la leche se convierte en sangre; no se comen carnes rojas de mamíferos, solo carnes blancas, pescados, galápagos y chigüire. No se deben tener relaciones sexuales, porque las parejas pueden quedar pegadas. Tienen que esperar el día sábado, para “quebrar la olla”. Todo un arsenal de creencias populares ligadas a la Semana Mayor.

Ahora, ¿qué sucede con El Nazareno de Achaguas?. Con esta emblemática imagen también se encuentran relacionados elementos de religiosidad popular, que incluso se refieren a su propio origen (recuérdese que casi todas las referencias pertenecen a la tradición oral). Pero, por encima de todo criterio, hay que reconocer que constituye una de las festividades religiosas más trascendentales de la Venezuela contemporánea, remontándose su culto a los mismos albores de la República.

Cuenta la tradición popular que la imagen del Nazareno llega a Achaguas por una promesa que hiciera el general José Antonio Páez, al rezar en la iglesia el día 10 de Mayo de 1821, antes de partir a la Campaña de Carabobo, que de lograr el triunfo, él le obsequiaría a la población una imagen del Nazareno, semejante a la existente en la Iglesia de San Pablo, en Caracas; él era muy devoto del Nazareno y de las “Ánimas Benditas”, a los que siempre se encomendaba cuando emprendía alguna empresa difícil (recuérdese la leyenda sobre “Ejército de las Ánimas”, que lo salvó del cadalso en 1813). Se decía que la victoria estaba enamorada de su lanza, por las homéricas hazañas que realizó: Mata de la Miel, El Yagual, Mantecal, Mucuritas, Paso del Diamante, Queseras del Medio…

Achaguas siempre ha sido considerada la capital histórica de Apure, debido a que durante el proceso de lucha por la Independencia de nuestro país, principalmente entre 1816 y 1821, fue cuartel general de las tropas patriotas; además, cuando el Congreso Grancolombiano crea en 1823 la Provincia de Apure, le asigna como capital a la “Heroica Villa de Achaguas”. De allí que no debe extrañar que esta ciudad se convierta asimismo en “La Meca” de la región y la imagen del Nazareno sea visto como “El Patrón milagroso y bueno de todos los Llaneros”, como reza la canción de Eneas Perdomo. Antes, la santa patrona de la población era la Virgen de Santa Bárbara, cosa que se deduce por el nombre mismo de la comunidad: Santa Bárbara de la Isla de los Achaguas, fundada por el misionero capuchino Fray Alonso de Castro en 1774.

El general Páez, con los “Bravos de Apure” y la “Legión Británica” triunfa brillantemente en Carabobo, mereciendo que El Libertador Simón Bolívar le conceda el grado de General en Jefe en pleno campo de batalla. El triunfo sobre los realistas fue aplastante, considerándose que allí se selló la independencia de Venezuela. Luego vinieron otros hechos relevantes que contribuyeron a reafirmarlo definitivamente: la toma de Puerto Cabello y la batalla naval del Lago de Maracaibo, expulsándose definitivamente de nuestro país al poder despótico de los españoles.

Páez, “El Centauro de los Llanos”, escala posiciones en la política nacional convirtiéndose en el hegemón de la misma; Venezuela se separa de la Gran Colombia en 1830 y él es nombrado Presidente de la nueva República de Venezuela. No olvida la promesa hecha en 1821 a Achaguas, lugar que visita asiduamente (es posible que los vecinos se lo recordasen a cada momento); lo cierto es que encomienda la elaboración de la imagen del Nazareno a José de la Merced Rada, afamado tallista caraqueño, nacido en la Parroquia San Juan, en el seno de una familia con tradición de ser buenos ebanistas. Rada era un artista especializado en esculturas religiosas, comunes en la época colonial (recuérdese la “Santa Inquisición”, que castigaba cualquier trasgresión a los principios impuestos por la Iglesia Católica), como señala el crítico de arte Carlos F. Duarte (1971), con obras que todavía pueden observarse en diferentes iglesias y museos venezolanos. En libros especializados sobre Arte Colonial Venezolano se consigue abundante información sobre la Escuela de Caracas y sus integrantes.

La imagen del Nazareno, tallada en madera, de 1.80 metros altura, cuna cruz que tiene 2.70 en su palo mayor y 1.4º en su palo menor, fue culminada y entregada al general Páez en 1833, quien la hizo trasladar a Achaguas en 1835, fecha desde la que se entronizó en su iglesia parroquial, convirtiéndose en el “paño de lágrimas” ó “Santo Benefactor” de los pobres y desamparados llaneros.”La expresión de dolor y sufrimiento en la cara martirizada, es al mismo tiempo de perdón y bondad, de estoicismo y ternura”, escribe uno de sus devotos.

Con respecto a la imagen del “Simón Cirineo” que acompaña al Nazareno, los datos son muy imprecisos (no hay certeza que sea obra de Rada).

La parroquia eclesiástica de Achaguas había sido creada en 1810, por lo que en esta Semana Santa está arribando también a la edad bicentenaria. La antigua iglesia de los tiempos de Páez que llegó hasta, aproximadamente, 1945; posteriormente, entre 1952 y 1958 se construyó una nueva edificación, la actual, que fue remodelada en la década del 80 del pasado siglo, bajo la dirección del arquitecto apureño Alejandro Salas Salas.

En cuanto a la misma Imagen, encontramos que el primer registro descriptivo publicado aparece en la famosa revista El Farol, editada por la empresa Creole Petroleum Corporation, que en su edición CLXIII (de Abril de 1956; pp. 13 – 28), incluye un artículo del señor Martín de Ugalde (desconozco si es pariente del Rector de la Universidad Católica “Andrés Bello”) sobre las fiestas religiosas venezolanas realizadas en Semana Santa y habla de la imagen apureña: “El Nazareno de Achaguas (…) lleva en su peana una borrosa inscripción que dice: “Regalado por el Gral. José Antonio Páez a la iglesia de Achaguas. Año 1833. M. Rada”. “Es una imagen de yeso –dice Ugalde- que hizo traer de Europa. Ahora se cumplen 123 años de su traslado a la Iglesia de Achaguas (…) Conocido en gran parte de Venezuela, es sobre todo el “Santo de Devoción del llanero, a quien se encomienda en tiempos de sequía y otras calamidades”.

Esta información es recogida por el conocido cronista caraqueño Carlos Eduardo Misle (“Caremis”), quien en el diario El Nacional (Caracas, 08 de Mayo de 1984. A-5), responde a don Manuel Barroso, experto en la materia, sobre la crítica que éste le hace al aclararle que la imagen del Nazareno de Achaguas no es de yeso ni tampoco es europea, tal como hemos venido afirmando desde siempre.

El doctor Eduardo Hernández Carstens, ex - gobernador de Apure y conocido investigador de la historia regional, publicó en 1985 un pequeño folleto. La Venerada y Milagrosa Imagen del Nazareno de Achaguas…, donde señala que “En el mes de Noviembre de 1977, me fue encomendada por el Comité de Damas que tiene a su cargo el cuidado del Nazareno de Achaguas, hacer restaurar los dedos de la mano izquierda de la sagrada imagen, cuya sección integrada del antebrazo y mano, llevé a Caracas y entregué para su restauración al Señor L. Sánchez Mercader. Dicho trabajo estuvo concluido el 16 de Diciembre del referido año, fecha en la cual llevé a Achaguas dicha sección de la imagen” (p. 10). En ningún momento expresa que la imagen del Nazareno sea de yeso.

Hacia 1983, por iniciativa de doña Margot Graü de Mayaudon, vino el crítico de arte carabobeño Luis Cubillán Fonseca, en ese momento adscrito a la UNESCO, a hacer un estudio de las condiciones de conservación de la imagen del Nazareno. Entonces tuve la oportunidad de acompañarlo, junto con Wilfredo “Yaro” Rivero, adscrito a la Fundación “Rómulo Gallegos”, quien fungió como fotógrafo, al diagnóstico detallado que se le hizo a la imagen: mostró algunos deterioros menores, en un talón y en una mano (la izquierda, creo), que luego fueron refaccionados, con fondos aportados por la familia Mayaudon.

Hoy existe, en la Casa Parroquial, un pequeño Museo, iniciativa del Rvdo. Francisco Javier Martínez, primer sacerdote apureño consagrado en la Iglesia Diocesana de San Fernando de Apure, cuando ejerció su santo apostolado en la Iglesia del Nazareno de Achaguas.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:


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Llano Alto, San Fernando de Apure- Biruaca, Abril 02 de 2010. A los 191 años de la Batalla de Queseras del Medio y Año Bicentenario de la Independencia Nacional.


Fotografía tomada de http://www.venezuelatuya.com/fotos/unafoto.htm?49,El_Nazareno_de_Achaguas,_Santo_de_los_Llaneros

Fotógrafo: Gerardo Algarin

2 comentarios:

Mau dijo...

Esta opinión de Argenis Mendez Echenique es errónea ya que Maury Abrahám Márquez No es una analista, es un Antropólogo venezolano, profesor universitario e investigador de conocida trayectoria. El comentario de Echenique en cuestión es:
"reafirmada esta opinión por otra reconocida analista: “Al hablar de religiosidad popular necesariamente debemos referirnos a las interrelaciones entre pensamiento mágico y religión, conceptos que no deben confundirse (…) La mayor parte de las religiones reconocidas como modernas agregan dentro de muchos de sus rituales, y hasta en su ética, algunos aspectos que en realidad pueden asociarse a la magia” (Márquez, 1999: 21).


Gracias

Mau dijo...

quiero decir no es Una Mujer...es un hombre..
gracias